LA PRESCRIPCIÓN DE MEDICAMENTOS
La prescripción que el médico extiende al final
de la visita es, en un sentido muy general, el reflejo resumido de sus actitudes y expectativas en
relación con el curso de la enfermedad y con el papel que los fármacos pueden jugar en su
tratamiento. En la prescripción se reflejan los fármacos disponibles, la
información que ha sido diseminada sobre ellos -que ha llegado al médico y que él
ha interpretado- así como las condiciones- tiempo, medios diagnósticos, patologías
prevalentes- en las que se desarrolla la atención médica. La prescripción no es
más que uno de los eslabones de la «cadena del medicamento» (véase la figura
3-1).
La prescripción racional es un aspecto indivisible del resto de la
visita médica. En la figura 3-2 se resumen los pasos que se deberían seguir en la
prescripción de un medicamento. 1 Se presenta aquí, no
porque se considere que ésta es la práctica habitual, sino para dar un punto de referencia
con el que comparar la demasiado habitual «prescripción por reflejo espinal».
Aunque importante, la prescripción médica no es el único
determinante de los efectos finales del fármaco. En la enorme mayoría de los casos los
fármacos son utilizados por pacientes ambulatorios que deciden cuándo, cómo y
cuánto fármaco tomar, así como los medicamentos que seleccionan de entre todos los
ofrecidos por el médico, por diferentes profesionales sanitarios generalmente no coordinados
entre sí, o por los amigos o vecinos. Por lo tanto la percepción cultural que el usuario
tiene de los medicamentos y en general de cualquier terapéutica «ortodoxa» o
«no ortodoxa», es un determinante crítico del efecto final del tratamiento. No es
preciso insistir en que esta percepción cultural no depende tanto de los índices de
«cultura» de un pueblo (porcentaje de analfabetismo, de niños escolarizados, etc.),
sino también, y sobre todo, de la manera cómo se planifica y orienta «la
salud» y de la participación de la comunidad en la selección de las estrategias de
salud.
¿Cuáles son pues los determinantes de la
cantidad y la calidad del consumo de medicamentos en una comunidad? Algunos de ellos han sido claramente
identificados: la oferta de medicamentos disponible, la estructura y las prioridades del sistema de
salud y la promoción y la información sobre los medicamentos. Se ha sugerido que otros
factores influirían sobre el consumo de medicamentos, pero su peso no ha sido probado de una
manera definida: la educación farmacológica del prescriptor y de otros profesionales
sanitarios, las actitudes de los usuarios y sus presiones para que se les prescriba algún
medicamento -sobre todo en los sistemas de seguridad social que tienen cobertura total o parcial del
gasto farmacéutico- y la prevalencia de las enfermedades y su patrón
epidemiológico. Además de la oferta de medicamentos, en este capítulo se
tratará de la información sobre fármacos y de su influencia sobre los
hábitos de prescripción, así como de las orientaciones en su selección y en
la preparación de guías para su uso racional. Los demás determinantes del consumo
han sido revisados con mayor detalle en otras publicaciones.2,3
LA OFERTA DE MEDICAMENTOS
Cuando se considera la posible autorización del registro de
un nuevo fármaco, o bien su inclusión en una lista limitada de medicamentos -por ejemplo
en un hospital- se deberían hacer las siguientes preguntas:
| 1) |
¿El nuevo producto es potencialmente más o menos
eficaz que otros fármacos ya disponibles para las mismas indicaciones? ¿Es
más seguro? ¿Es necesario? ¿Cuál es su coste en comparación con
otras alternativas? |
| 2) |
¿Cómo será utilizado? ¿En qué
cantidad? |
| 3) |
¿Qué información se dará al
prescriptor y al usuario? ¿Quién la dará? |
Raramente un juicio de este tipo está desprovisto de presiones
«extracientíficas». Muchos medicamentos presentes en el mercado farmacéutico
son inútiles: su eficacia terapéutica no ha sido demostrada. Otros -en su mayoría
combinaciones de dos o más principios activos- son inaceptables, es decir la probabilidad de que
den lugar a reacciones adversas y la gravedad potencial de éstas pesan más que la
probabilidad de que produzcan efectos beneficiosos4 (véase la
tabla 4-9). A menudo la presencia de estos productos da lugar a que falten los medicamentos -u otras
estrategias- necesarios, o a que no se prescriban. Así, los fármacosconsumo pasan a ocupar
el lugar de los fármacos-necesidad.La proporción de fármacos inútiles o
inaceptables varía de un país a otro. Un estudio realizado a mediados de los años
ochenta en diversos países europeos reveló amplísimas diferencias internacionales
en este aspecto (véase la figura 4-4).5
Por otra parte, hay que tener en cuenta que además, un medicamento con
un valor terapéutico potencial elevado no es necesariamente prescrito de manera correcta ni bien
empleado por el usuario.6
Parecería que a priori las preguntas
enunciadas anteriormente deberían dar lugar a resultados comparables en países con un
nivel económico parecido y con unos patrones epidemiológicos de morbimortalidad similares.
Sin embargo, al menos en Europa Occidental, esto no ocurre. El número de especialidades
farmacéuticas comercializadas en los países europeos occidentales presenta amplia
variabilidad (véase la tabla 3-1).7-12 Se puede argumentar que estas diferencias son consecuencia
de las diferentes estructuras de mercado y de las diferentes regulaciones en relación con las
patentes, y que el número de principios activos no varía tanto. En la tabla 3-2 se
presentan los resultados de una comparación, centrada sólo en los antiinflamatorios no
esteroides, con datos de 1990: las diferencias se ponen de manifiesto en el número de principios
activos y también en el de presentaciones.13 Este último tipo de diferencias
también se puede poner de manifiesto con otros fármacos, como por ejemplo benzodiacepinas,
ciertos grupos de antibióticos, bloqueadores ß-adrenérgicos, etc. Estas diferencias
de criterio en la política de registro de medicamentos plantean muy directamente la necesidad de
la selección de medicamentos tal como la expresaba Lunde en 1979: «No se ha demostrado
nunca que un número infinito de fármacos dé lugar a mayores beneficios para la
salud pública que un número más limitado de productos. Por el contrario, la
existencia de un número eleva-do de medicamentos puede dar lugar a confusión a todos los
niveles de la cadena del medicamento y constituir un despilfarro de recursos humanos y
económicos» (véase también el Capítulo 2).14 Al cabo de diez
años este concepto sigue siendo la piedra angular de cualquier política de medicamentos
que ponga la salud de los ciudadanos por delante de la salud de los laboratorios o de grupos de
presión.
LA INFORMACIÓN SOBRE LOS MEDICAMENTOS
En los países con economía de mercado la
información sobre medicamentos procede en su mayor parte de los propios fabricantes, es decir, de
una fuente objetivamente sesgada, con un interés más comercial que sanitario. Aunque no
reconocida por los receptores, la influencia de los anuncios sobre medicamentos fue claramente ilustrada
en un análisis de los hábitos de prescripción de 85 médicos de Boston.15 Al responder a un cuestionario, el 68% de ellos afirmaba que los
anuncios tienen una influencia «mínima» sobre sus hábitos de
prescripción, el 28% les reconocía una influencia «moderada» y sólo un
3% una influencia «grande». El 62% decía que los artículos científicos
sobre medicamentos eran muy importantes determinantes de sus hábitos de prescripción, el
34% decía que eran moderadamente importantes y el 4% les concedía una importancia
mínima. Sin embargo, cuando se preguntaba sobre un grupo de medicamentos de los que se
distribuían muchos anuncios, los «vasodilatadores» o «reactivadores»
cerebrales, el 32% decía que estos productos eran útiles para el tratamiento de pacientes
geriátricos con cuadros de confusión.
La industria farmacéutica gasta entre un 15 y un 25% de su presupuesto
total en actividades de publicidad; de esta cantidad por norma general se destina un 60% a la visita
médica, un 12% a la distribución de muestras, un 7% a los anuncios enviados por correo, un
8% a anuncios en revistas, un 8% a congresos y reuniones y un 5% a documentación y material
bibliográfico.16 Es de suponer que la proporción del
presupuesto destinada a publicidad es superior en los países no desarrollados, en donde las
inversiones en investigación y en producción son menores que en los países de
origen de las grandes firmas multinacionales. Lejos de tener algún valor educativo, la mayor
parte de estos materiales «informativos» tienden a exagerar los beneficios (si los hay) y a
minimizar los riesgos de su uso.17 Esta situación es
todavía peor en los países en desarrollo, y es bien sabido que a menudo la misma firma
multinacional tiene doble norma de comportamiento, según distribuya información sobre
medicamentos en el país de origen o en países con menos posibilidades de control.18
El problema de la mala calidad y la tendenciosidad de la información
distribuida por los laboratorios farmacéuticos es cuantitativamente muy importante. Así
por ejemplo, se calcula que en Gran Bretaña la administración pública gasta una
libra esterlina en información independiente sobre medicamentos por cada 60 libras gastadas en
promoción por los laboratorios farmacéuticos.19 En España la situación sería
todavía peor, de 1 por cada 300 a 350 pesetas.2
En este contexto se han diseñado diversas estrategias informativas con
el fin de mejorar la calidad del uso de los medicamentos: 1) formularios de medicamentos o guías
farmacológicas comentadas para la atención primaria20-23 (a nivel nacional o local) y para hospitales;23-25 2) boletines u otras publicaciones periódicas sobre
medicamentos;26 3) asesoramiento proporcionado por centros de
consulta terapéutica,27-31 y 4) información sobre
fármacos y sanitaria dirigida a los usuarios del sistema sanitario.32,33
Una «segunda generación» de estudios sobre la
información sobre medicamentos, en los que se ha utilizado la técnica del ensayo
clínico controlado para comparar diferentes estrategias, ha puesto de manifiesto el valor del
contacto personal con el prescriptor, en comparación con el escaso o nulo valor inmediato de los
boletines y otros materiales escritos no compilados.34-41
No hay duda de que cada estrategia de información tiene sus ventajas e
in-convenientes. A pesar de su escaso impacto inmediato sobre los hábitos de prescripción
de los facultativos,42-46 los boletines tienen un indudable valor
cultural si son verdaderamente independientes de los laboratorios y de la administración
sanitaria, si abordan temas de actualidad y si se dirigen más a los problemas clínicos que
a la mera descripción de medicamentos. Su principal inconveniente es que tratan temas concretos
que pueden no ser de interés inmediato del médico en el momento de recibirlos y que la
información es escrita. La consulta terapéutica tiene las ventajas de que es iniciada por
el médico, sirve para resolver problemas concretos y es rápida y probablemente eficiente
(es decir, efectiva en relación con su coste), pero es de uso minoritario. Las guías
farmacológicas tienen la ventaja de que pueden contener información compilada sobre
problemas clínicos frecuentes, aunque son necesariamente sintéticas; si la
información que contienen es orientada a problemas y está presentada en un formato
cómodo, atractivo y fácil de consultar, pueden constituir un punto de referencia obligado
para otras actividades formativas (de pre y postgrado) e informativas (boletines, consulta
terapéutica) y de investigación clínica y epidemiológica.
GUÍAS FARMACOLÓGICAS
Para la descripción que sigue es conveniente asignar
al término «guía farmacológica» una definición que incluya
fundamentalmente sus objetivos. Una guía farmacológica se puede definir como una fuente de
información que persigue un uso racional de medicamentos a través de la aplicación
de unos criterios de selección de principios activos y estrategias terapéuticas.24 Sus dos principales características son que incluye un
número limitado de medicamentos (los más adecuados) para un entorno sanitario concreto
(nacional o local, atención primaria u hospitalaria) y que persigue la modificación de los
patrones reales de utilización de medicamentos y no únicamente pone a disposición
del lector una recopilación acrítica de conocimientos farmacológicos.
Es evidente que se parte del concepto según el cual la selección
de fármacos no es un ejercicio de austeridad, sino de inteligencia clínica.47-50 Dado que la guía debe definir el papel de cada fármaco
disponible, es evidente que debe orientarse más a los problemas que a los fármacos: para
razonar correctamente sobre éstos es necesario definir antes los problemas clínicos. En lo
que se refiere al objetivo de perseguir una modificación de los hábitos de
prescripción, es conveniente tener en cuenta que eso implica que el principal objetivo operativo
deberá ser implicar a los médicos prescriptores locales en la producción de
información terapéutica que sea relevante para su práctica asistencial. Para ello
es necesario que en su elaboración se tengan en cuenta los datos disponibles sobre la
utilización de los medicamentos en el entorno sanitario al que la guía se dirige.24 Estas características diferencian claramente las guías
farmacológicas de las farmacopeas, catálogos de medicamentos (comerciales o no) y libros
de texto de farmacología y terapéutica.
La guía puede tener una estructura de complejidad variable; puede ser
sólo una lista de medicamentos seleccionados o también contener una información
mucho más completa con comentarios de selección de fármacos o estrategias
terapéuticas en indicaciones concretas. Siempre que sea posible, es preferible un texto
comentado51 y por este motivo el término «guía
farmacológica» parece más adecuado que los de formulario, catálogo o
índice.
Plan general de elaboración
En primer lugar, es necesario planificar una estrategia
general de trabajo, que debería cubrir los siguientes pasos:
| 1) |
identificación, en equipo pluridisciplinario, de los
problemas más relevantes y frecuentes; |
| 2) |
búsqueda de las publicaciones disponibles52-54 sobre la
epidemiología y la historia natural de la enfermedad; |
| 3) |
lectura crítica de las publicaciones; |
| 4) |
reconocimiento de la existencia inevitable de áreas de
incertidumbre terapéutica; |
| 5) |
consideración de los condicionantes de la práctica
clínica (diagnósticos, limitaciones terapéuticas, comodidad del paciente,
etc.); |
| 6) |
elaboración de un primer esbozo de guía, y |
| 7) |
uso «piloto» de la guía -reducido o amplio- y
modificaciones pertinentes. |
Para elaborar una guía farmacológica es necesario definir
claramente los siguientes aspectos:
| 1) |
Criterios de selección de los medicamentos y estrategias
terapéuticas. |
| 2) |
Cantidad y tipo de información que debe contener sobre los
medicamentos seleccionados y no seleccionados: hasta qué punto la información debe
ser orientada a la descripción de fármacos o grupos farmacológicos, o bien
orientada a los problemas terapéuticos. |
| 3) |
A qué problemas terapéuticos se les va a dar,
según el entorno sanitario, una prioridad según su frecuencia, gravedad, o porque se
constate un uso especialmente inadecuado de medicamentos. La identificación de estos
problemas pone de manifiesto la relación existente entre la elaboración de una
guía farmacológica y la epidemiología y los estudios de utilización de
medicamentos. |
| 4) |
A qué fármacos o grupos farmacológicos se va
a dar prioridad por razones de frecuencia de uso, dificultad en el manejo, riesgos, costes, o bien
porque se constate un uso inadecuado. En este punto deben aplicarse las mismas consideraciones que
en el anterior. |
Selección de medicamentos
Los medicamentos seleccionados en la guía deben cubrir
la mayor parte de las necesidades de atención de salud de la población.47-51 Sólo se seleccionarán los medicamentos sobre los que
se disponga de una información adecuada y completa sobre su eficacia e inocuidad, obtenida en
estudios clínicos apropiados.21,51 Los criterios
básicos de selección de principios activos se exponen en la tabla 3-3.
Cuando hay más de un fármaco que cumple de
manera satisfactoria los criterios de la tabla 3-3 para una misma indicación, se habla de
«homólogos». Éstos se consideran terapéuticamente equivalentes si con
ellos se puede obtener la misma eficacia con una incidencia y gravedad similar de efectos indeseables.
Los costes pueden ser muy distintos y deben tenerse en cuenta en la elección. Asimismo, en
ocasiones las propiedades farmacocinéticas pueden ser importantes (por ejemplo, cuando
condicionan distintos intervalos de dosificación y distinto cumplimiento). Con los medicamentos
terapéuticamente equivalentes se pueden adoptar dos posiciones: incluirlos todos en la
guía, o bien incluir un único fármaco a título de ejemplo (o el
número mínimo necesario; véase el apartado siguiente). Esta segunda opción
es la que ha aplicado la OMS para la confección de sus listas modelo de selección de
medicamentos esenciales 51 y es la única selección
posible en los países con problemas importantes de recursos que deben elegir entre una amplia
oferta internacional de fármacos equivalentes. Sin embargo, en determinadas circunstancias la
oferta nacional de medicamentos puede contener un número elevado de fármacos
homólogos. En este caso existen argumentos suficientes para poder recomendar la inclusión
de todos los fármacos que son realmente equivalentes, pues así se evita descalificar
prácticas terapéuticas que son perfectamente correctas y perjudicar a unos laboratorios en
beneficio de otros y también porque de este modo se incluyen todos los homólogos en la
misma metodología de la selección de medicamentos.
Selección de estrategias terapéuticas
Además de seleccionar medicamentos, es imprescindible
seleccionar estrategias terapéuticas, es decir pautas que en cada situación incluyan uno o
más fármacos de elección y uno o más fármacos alternativos. El
objetivo es cubrir de una manera adecuada la respuesta variable de muchas enfermedades al tratamiento
farmacológico y las modificaciones de tratamiento necesarias por problemas de intolerancia o
reacciones adversas. De hecho, la lista de fármacos seleccionados en la guía sólo
se podrá considerar completa cuando se hayan seleccionado las estrategias
terapéuticas.
La selección de estrategias terapéuticas implica situar cada uno
de los fármacos seleccionados en el quehacer terapéutico. Debe realizarse con los mismos
criterios básicos utilizados para la selección de principios activos. En una
indicación concreta, para concluir que un fármaco es de elección o bien que tiene
un papel terapéutico más limitado, se deberán considerar sobre todo sus relaciones
beneficio/riesgo y beneficio/coste, en comparación con las de los demás fármacos
eficaces en dicha situación. Además, la estrategia terapéutica debe incluir la
posibilidad de individualizar la elección del fármaco y de la pauta de dosificación
en circunstancias en las que se puedan producir modificaciones farmacocinéticas o
farmacodinámicas (edades extremas, insuficiencia cardíaca, renal o hepática,
embarazo, lactancia, etc.).
Información
Cuando se considera la información que debe contener
la guía farmacológica, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos: 1) si va a
contener información únicamente sobre los fármacos recomendados o también
información relativa a los fármacos que no han sido seleccionados; 2) si la
información va a ser orientada a fármacos o a problemas; 3) cómo se priorizan
áreas informativas en función de las necesidades sanitarias o de los datos procedentes de
los estudios de utilización de medicamentos disponibles, y 4) extensión y formato que debe
tener el texto elaborado.
Respecto al primer punto, es conveniente diferenciar dos situaciones. En primer
lugar, una situación poco habitual, la de los países o entornos sanitarios en los que la
oferta nacional o local de medicamentos se ha definido a través de unos criterios rigurosos de
selección de medicamentos (selección de medicamentos esenciales). En segundo lugar, una
situación más habitual: la de los países en los que se han aplicado unos criterios
más permisivos en el registro de medicamentos, lo que ha llevado a una oferta inadecuada en
proporción variable (proliferación de fármacos de eficacia dudosa o nula, de
asociaciones a dosis fijas y de fármacos con una información insuficiente). En el primer
caso basta con dar información sobre los fármacos seleccionados y es prioritaria la
selección de estrategias terapéuticas. Sin embargo, en la situación más
habitual se debe incluir además una información dirigida a eliminar el uso de los
fármacos inadecuados.
Respecto a los demás aspectos, existen experiencias y
propuestas de características muy diferentes. En la tabla 3-4 se exponen las directrices
propuestas por la OMS para la elaboración de información sobre medicamentos dirigida a los
prescriptores.51 En nuestra opinión, esta propuesta es
demasiado detallada en algunos aspectos y llama la atención el hecho de que esté
más orientada a fármacos que a problemas y que no contemple como punto de partida la
comparación de distintas alternativas para abordar un mismo problema clínico. Con el fin
de favorecer la aplicación de la filosofía de la selección de medicamentos, es
importante que los prescriptores dispongan de una información sobre medicamentos orientada a
problemas y con una estructura no necesariamente rígida, que permita priorizar según las
necesidades sanitarias o los datos procedentes de los estudios de utilización de medicamentos.
Sería necesario que la guía incluya como mínimo la siguiente información
referente a los medicamentos seleccionados: identificación de su nombre genérico, lugar
que el fármaco ocupa en el tratamiento de un problema, efectos indeseables más frecuentes
o graves y precauciones más pertinentes, así como consideración sobre el uso real
que se está haciendo de este fármaco en el medio al que va dirigido la guía (si se
dispone de alguna información al respecto). También es conveniente que, cuando se trate de
medicamentos no seleccionados, se identifique su nombre genérico, la razón para no
seleccionarlos, las consecuencias sanitarias que se pueden derivar de su uso, así como las
alternativas más recomendables.
Prioridades
Para que la guía farmacológica pueda conseguir
su objetivo de mejorar la calidad del uso de los medicamentos, debería dar prioridad a ciertas
áreas informativas según los posibles problemas identificados: enfermedades frecuentes y
sanitariamente importantes que son tratadas de manera insuficiente; estrategias terapéuticas que
son seleccionadas de manera inadecuada en función de la relación beneficio/riesgo o
beneficio/coste; pautas de dosificación de medicamentos de amplio uso o duración de su
empleo inadecuados; enfermedades frecuentes tratadas innecesariamente con medicamentos, así como
nivel de consumo, indicaciones e impacto sanitario del uso de fármacos inadecuados. Es evidente
que la selección de las prioridades de cada guía dependerá del conocimiento de la
utilización de los medicamentos en el ámbito al que aquélla se dirige.
Consideraciones adicionales
| 1) |
Responsables de la elaboración de la guía
farmacológica. Dada la complejidad del trabajo de elaborar una información
que pretenda mejorar la utilización de medicamentos, es recomendable que el responsable sea
un comité multidisciplinario e independiente. Pueden formar parte de este comité
especialistas médicos, médicos generales, especialistas en farmacología
clínica y farmacéuticos. Es importante que los profesionales sanitarios a los que va
dirigida la guía participen activamente en este comité o actúen como
consultores del mismo. También es básica la función del farmacólogo
clínico, pues es el profesional que tiene los conocimientos necesarios de farmacología
básica para identificar los efectos potenciales de los fármacos incluidos,
conocimientos de clínica y de metodología de la investigación científica
para interpretar las publicaciones científicas y conocimientos sobre la epidemiología
y el impacto sanitario de las diferentes patologías, para establecer las prioridades de la
guía. |
| 2) |
Financiación. Para conseguir su objetivo, la
guía farmacológica debería estar a disposición de todos los
prescriptores de medicamentos y, preferiblemente, de forma gratuita, por lo que es necesario un
apoyo institucional. En caso de que sea imposible una distribución gratuita, el coste
debería reducirse al mínimo posible para que el texto sea accesible para los
profesionales sanitarios a los que va dirigido. |
| 3) |
Actualización de la guía. La
selección de medicamentos y estrategias terapéuticas y la información contenida
en la guía farmacológica deben revisarse periódicamente.51 En la revisión se tendrán en cuenta la
comercialización de nuevos medicamentos, nuevos datos proporcionados por los estudios de
utilización de medicamentos y cualquier nuevo conocimiento respecto a las enfermedades
incluidas y a los medicamentos ya comercializados, incluidos o no en la primera edición. |
| 4) |
La guía en el hospital. La guía
farmacológica para hospitales debe prepararse con los mismos criterios generales de
selección que se aplican para las guías dirigidas a la atención primaria. Sin
embargo, la mayor especialización, el tipo de patología tratada y la necesidad de
mantener unas reservas permanentes de medicamentos para su utilización inmediata, obligan a
tener en cuenta algunas consideraciones específicas:21,55
|
- debe expresar los criterios de regulación de la Comisión de Farmacoterapia;
- debe cubrir un mayor número de indicaciones clínicas;
- cuando sea posible, debe describir la escalada terapéutica en cada indicación,
y
- generalmente no se incluyen los homólogos.
Dado el ámbito más reducido y la intensa
relación funcional entre los diferentes servicios y áreas del hospital, el trabajo de
selección y elaboración puede ser más sencillo. Las guías
farmacológicas hospitalarias pueden ser locales o bien pueden consistir simplemente en unas
directrices generales, de ámbito nacional o local, de selección de medicamentos a nivel
hospitalario. Estas directrices deben contener listas orientativas flexibles, que den un margen adecuado
a cada centro para individualizar la selección en función de su realidad asistencial y de
sus necesidades. Es preciso insistir, no obstante, en que el éxito de una guía de este
tipo depende sobre todo de la participación de los prescriptores en su elaboración.55,56
| 5) |
Impacto real de la guía farmacológica en la
práctica clínica. Para tener una influencia real sobre los
hábitos de prescripción de medicamentos, la guía farmacológica debe
formar parte, como elemento básico, de un conjunto de medidas educativas que deben comenzar
ya en la formación de pregrado. Es conveniente no sólo actualizarla
periódicamente, sino también complementarla con boletines de información sobre
medicamentos, con un servicio de consultas terapéuticas, con otras actividades de
formación continuada y con iniciativas de investigación clínica y
epidemiológica en las que participen activamente los mismos prescriptores. Asimismo, se deben
poner en marcha los mecanismos necesarios para conocer permanentemente |
BIBLIOGRAFÍA
| 1. |
Sjóqvist F, Borga O, Orme ML'E. Fundamentals of clinical pharmacology. En: Speight
TM, ed. Avery's drug treatment. Principles and practice of clinical pharmacology and
therapeutics, 3.a ed. Auckland: Adis Press, 1987: 1-64. |
| 2. |
Laporte JR, Saballs P, Campillo F, Marcos JM, Bruguera E, Drobnic L. Prescripció i
ús deis medicaments. Barcelona: Laia, 1986. |
| 3. |
Laporte JR. Towards a healthy use of pharmaceuticals. Development Dialogue 1985; 2: 48- 55. |
| 4. |
Laporte JR, Porta M, Capellà D. Drug utilization studies: a tool for determining the
effectiveness of drug use. Br J Clin Pharmac 1983; 16: 301-4. |
| 5. |
Laporte JR, Vidal X. Comparison of consumption patterns in the European region: a study of the
most prescribed drugs in European countries. En: Agenas I, Hekster Y, eds. Report of the Meeting of
the WHO Drug Utilization Research Group. Copenhague: WHO Regional Office for Europe, 1988:
42-50. |
| 6. |
Drobnic L, Beni C, Canela J, Ezpeleta A, Castell E. El uso de los antibióticos en la
asistencia primaria de Barcelona. Med Clin (Barc) 1984; 82:567-71. |
| 7. |
Anónimo. Marcas farmacéuticas y consumo de medicamentos en la Comunidad
Económica. Bol Indic Prest Farm 1988; 4: 69. |
| 8. |
Dukes MNG. The effects of drug regulation. Lancaster: WHO Regional Office for Europe y MTP
Press, 1985: 2. |
| 9. |
Schmitt-Rau K. The drug regulatory affairs system in the Federal Republic of Germany. J Clin
Pharmacol 1988; 28: 1064-70. |
| 10. |
Anónimo. Nordic statistics on Medicines 1987-1989. NLN Publication N.º 30. Uppsala:
Nordic Council on Medicines, 1990: 30. |
| 11. |
Griffin JP, Diggle GE. A survey of products licensed in the United Kingdom from 1971-1981. Br J
Clin Pharmac 1981; 12: 453-63. |
| 12. |
Drost RA, Reijnders PJM. The registration of medicines in the Netherlands. J Clin Pharmacol
1987; 27; 937-44. |
| 13. |
Anónimo. Dictionnaire Européen des Médicaments et leurs équivalents.
París: SEMP Editions, 1991. |
| 14. |
Lunde PKM. Drug and product selection - an essential part of the therapeutic benefit/risk
ratío strategy? En: Soda T, ed. Drug-induced sufferings. Amsterdam: Excerpta Medica, 1980:
129-36. |
| 15. |
Avorn J, Chen M, Hardey R. Scientific versus commercial sources of influence on the prescribing
behaviour of physicians. Am J Med 1982; 73: 4-8. |
| 16. |
Schut HM. Role of commercially sponsored information and marketing strategies. En: Twelfth
European Symposium on Clinical Pharmacological Evaluation in Drug Control: Drug information.
Copenhague: WHO Regional Office for Europe, 1983: ICP/PHB009 (12)/12. |
| 17. |
Wilson KS. Analysis of a general practitioner communications from the pharmaceutical industry.
Health Bull 1969; 26: 40-3. |
| 18. |
Silverman M. The epidemiology of drug promotion. Int J Hlth Serv 1977; 7: 157-66. |
| 19. |
Herxheimer A. Information for health professionals: the role of commercially sponsored
information and marketing strategy. En: Twelfth European Symposium on Clinical Pharmacological
Evaluation in Drug Control: Drug information. Copenhague: WHO Regional Office for Europe, 1983:
ICP/PHB 009(12)/11. |
| 20. |
Wade OL. El Formulario Nacional Británico. En: Laporte JR, Amau JM, Capellà D,
Camé X, eds. Avances en terapéutica, vol 16. Barcelona: Salvat, 1992: 204-10. |
| 21. |
Laporte JR, Arnau JM. Guías farmacológicas para la asistencia primaria. En:
Laporte J, Salva JA, eds. Avances en terapéutica, vol 12. Barcelona: Salvat, 1982:
135-53. |
| 22. |
Tognoni G. A therapeutic formulary for Italian general practitioners. Lancet 1978; 1:
1352-3. |
| 23. |
Anónimo. Local drug formularies -Are they worth the effort? Drug Ther Bull 1989; 27:
13-6. |
| 24. |
Amau JM. Estudios de utilización de medicamentos y política de formularios
hospitalarios y extrahospitalarios. Rev Farmacol Clín Exp 1985; 2: 91-4. |
| 25. |
Anónimo. Formulari terapèutic de l'Hospital General Vall d'Hebron.
Barcelona: Generalitat de Catalunya, Ciutat Sanitaria Vall d'Hebron, 1988. |
| 26. |
Herxheimer A. Drug bulletins are part of the scientific literature. ISDB Review, 1991; 1:
9-13. |
| 27. |
Alvan G, Ohman B, Sjóqvist F. Problem-oriented drug information: a clinical
pharmacological service. Lancet, 1983; 2: 1410-2. |
| 28. |
Ohman B, Alvan G. Red de información para prescriptores suecos. Boletín
Medicamentos Esenciales OMS 1991; 12: 15-6. |
| 29. |
Alvan G. Clinical pharmacology: a view from two angles. Drug information: a service provided by
clinical pharmacologists. Trends Pharmacol Sci 1985; 6: 1-4. |
| 30. |
Rodríguez C, Laporte JR, Arnau JM, Vidal X. La consulta terapéutica:
información orientada a problemas clínicos. Rev Clín Esp 1989; 185:
409-14. |
| 31. |
Rodríguez C, Amau JM, Vidal X, Laporte JR. Therapeutic consultation: a necessary adjunct
to independent drug information. Br J Clin Pharmac 1993; 35: 46-50. |
| 32. |
Sloan PJM. Survey of patient information booklets. Br Med J 1984; 288: 915-9. |
| 33. |
Servizio di Informazione e di Educazione Sanitaria, Farmacie Comunali Italiane. What information
for the patient? Large scale pilot study on experimental package inserts giving information on
prescribed and over the counter drugs. ISDB Review 1991; 1: 33-9. |
| 34. |
Schaffner W, Ray WA, Federspiel CF, Miller WO. Improving antibiotic prescribing in office
practice. A controlled trial of three educational methods. JAMA 1983; 250: 1728-32. |
| 35. |
Avorn J, Soumerai SB. A new approach to reducing suboptimal drug use. JAMA 1983; 250:
1752-3. |
| 36. |
Soumerai SB, Avorn J. Economic and policy analysis of University-based drug
«detailing». Med Care 1986; 313-31. |
| 37. |
Soumerai SB, McLaughlin TJ, Avorn J. Improving drug prescribing in primary care: a criti-cal
analysis of the experimental literature. The Milbank Quaterly 1989; 67; 268-317. |
| 38. |
Diwan VK, Eriksson B, Sterki G, Tomson G. Randomization by group in studying the effect of drug
information in primary care. Int J Epidemiol 1992; 21:124-30. |
| 39. |
Landgren FT, Harvey KJ, Mashford ML, Moulds RFW, Guthrie B, Hemming M. Changing antibiotic
prescribing by educational marketing. Med J Aust 1988; 149: 595-9. |
| 40. |
Avorn J, Soumerai SB. Improving drug-therapy decisions through educational outreach. A
randomized controlled trial of academically based «detailing». N Engl J Med 1983; 306:
1457-63. |
| 41. |
Focarile F. Migliorare la qualita delle prescrizioni in medicina generale: quali metodi sono
efficaci. Ricerca & Pratica 1987; 16: 1 17-22. |
| 42. |
Plumridge RJ, Berbatis CG. Drug bulletins: effectiveness in modifying prescribing and methods of
improving impact. Drug Intell Clin Pharm 1989; 23: 330-4. |
| 43. |
Fendler KJ, Gumbhis AK, Sall K. The impact of drug bulletins on physician prescribing habits in
a health maintenance organization. Drug Intell Clin Pharm 1984; 18: 627-31. |
| 44. |
Offerhaus L. Impact of a drug bulletin - Pitfalls of a sociological approach. ISDB Review 1991;
1: 27-8. |
| 45. |
Denig P, Haaijer-Ruskamp FM, Zijsling DH. Impact of a drug bulletin on the knowledge, perception
of drug utility, and prescribing behaviour of physicians. Drug Intell Clin Pharm 1990; 24:
87-93. |
| 46. |
Denig P, Haaijer-Ruskamp F, Zijsling DH. Impact of the Dutch drug bulletin on drug choices and
prescribing. ISDB Review 1991; 1: 25. |
| 47. |
Turner P. Local formularies and good patient care. Br Med J 1984; 288: 348. |
| 48. |
Anónimo. Local drug formularies - Are they worth the effort? Drug Ther Bull 1989; 27:
13-6. |
| 49. |
Anónimo. Implementing a local prescribing policy. Drug Ther Bull 1990; 28: 93-5. |
| 50. |
Anónimo. Constructing a practice formulary: a learning exercise. Drug Ther Bull 1991; 29:
23-4. |
| 51. |
Comité de Expertos de la OMS. Uso de medicamentos esenciales. Serie de Informes
Técnicos, n.º 796. Organización Mundial de la Salud. Ginebra, 1990. |
| 52. |
Arnau JM. Sistemas de documentación en farmacología clínica. En: Laporte J,
Laporte JR, eds. Avances en terapéutica, vol 14. Barcelona: Salvat, 1986: l 16-25. |
| 53. |
Murray ME. Drug information - where is it? Trends Pharmacol Sci 1983; 4: 155-9. |
| 54. |
Ferré de la Peña P, Cuerta Terán T, Rodríguez Pascual A. Fuentes de
información de medicamentos disponibles en CD-ROM. Inf Ter Sist Nac Salud 1991; 15:
235-45. |
| 55. |
Petrie JC, Scott AK. Drug formularies in hospitals. Br Med J 1987; 294: 919-20. |
| 56. |
Branch RA, Johnston PE, Koestner JA, Bluhm R, Stratton CW, Knighy JR. The formulary: an
educational tool for clinical pharmacology. Clin Pharmacol Ther 1992; 51: 481-8. |
|